Veinte días después, no habiendo recibido telefonazo alguno, Pía llama
al departamento correspondiente para interesarse nuevamente por la
cuestión. “Ay... sí, sí..., disculpe; se me pasó. Puede venir a
recogerla cuando quiera”. Y como un despiste lo tiene cualquiera, Pía se
guardó el subfusil y la mala leche y a los casi cuatro meses después de
depositar los papeles en registro, habiendo sido aprobada la resolución
y firmada la tarjeta por el señor Alcalde en el mes de Junio, arrancó
de la cama a la pobre minusválida para que fuese en persona a recoger la
dichosa tarjeta tal como parece ser preceptivo, con 89 años, fracturada
por doquier en virtud de atropello y artrósica perdida por lo que
levantarse por las mañanas le supone morirse un poco más. Y bien, ¿no
cabe preguntarse qué objeto tiene que tenga que ser la propia impedida
quien tenga que desplazarse a la oficina, después de haber pasado todos
los trámites periciales, certificados médicos del Sergas, exámenes de
los facultativos de la Xunta, médico, psicólogo y trabajadora social?
Una vez llegada al Concello la vio, si la vio, el guardia de la puerta y
la administrativa que se la entregó. ¿Entón? Inexpliqueibol.
Igual que lo que sucede con las entradas del Teatro Jofre compradas on
line. Si la venta de entradas es a través de servinova.com, de la
antigua Caixa Galicia, hoy Abanca, una vez finalizado el proceso de
compra se imprime el documento y éste es a todos los efectos la entrada
con la que se accede al recinto sin más pues en él consta nombre,
espectáculo, fecha, hora, precio, fila y asiento, además de un código de
barras. Igual que los billetes de avión o de Alsa comprados a través de
internet. Bien; pero si las entradas están a la venta a través de la
web del Concello y a pesar de imprimir una factura en toda regla también
con nombre, espectáculo, fecha, hora, precio, fila y asiento, ¡esta
solo le servirá para ponerse a la cola, papar frío y recoger a la
antigua usanza la entrada comprada! ¿Razón? ¡Chi lo sa!
Ferrol é moito. Ya lo hizo tristemente famoso el no menos famoso allende
el Padornelo departamento de Urbanismo, capaz de haber cabreado por
igual a ciudadanos en general, constructores, inversionistas y
emprendedores. ¡Meses! para dar una vulgar licencia a un pequeño negocio
de peluquería que reabría donde ya había habido otro negocio similar y
únicamente requería renovar pintura por aquello de adecuarse al estilo
actual y mejorar la fachada ampliando la ventana además de proporcionar
el acceso libre de obstáculos. Los marearon hasta la extenuación y a
puntito estuvieron de tirar la toalla e irse, claro, como no, a Narón.
El alcalde dice, no sin razón, que el resurgir de Ferrol es cosa de
todos nós sin obviar que al Concello le compete una elevada
participación y por ello prometió agilizar los trámites administrativos
en su legislatura. Los ferrolanos somos como somos, o demo, ya, pero el
Concello, políticos y funcionarios, tiene obligación de ser motor de
algunos cambios y funcionar con paso axeitado lo cual no está
sucediendo, soportando los ciudadanos, los grandes damnificados, el
hecho de remar en distinta dirección.
Cuando Ferrol alcanzaba los cien mil habitantes, en el Concello había un
centenar de funcionarios; hoy, con múltiples servicios subcontratados,
ojo, y habiendo mermado la población en veinte mil habitantes, hay más
de cuatrocientos servidores públicos. ¿Quién habla de atasco y dice que
hace falta más personal? Más bien parece que por un lado hay falta de
organizaçao y por el otro, políticos acoquinados. Viene de lejos.
Este artículo fué publicado en Diario de Ferrol el 27 de octubre de 2014